El manejo y uso de nuestra renta petrolera, particularmente luego de los períodos de bonanza fiscal, han generado repetitivamente devaluación, inflación, fuga de capitales y endeudamiento público masivo. Lo ocurrido con el sobre ingreso fiscal petrolero de los años 70 y 80 del siglo pasado, al igual que con el que se produjo durante la primera década de la actual centuria, reafirma el escepticismo de Einstein, por lo menos en el caso venezolano, sobre la carencia de buen juicio por parte de la humanidad.
La renta petrolera tiene su origen en la liquidación progresiva de un activo público como lo es la riqueza del subsuelo. Cada barril de petróleo que extraemos de las entrañas de la tierra y vendemos en los mercados internacionales, es un barril que debemos restar a nuestras reservas. Por eso, lo sensato es darle a esta renta un destino que propenda a convertirla en capital humano, capital financiero y capital físico, a fin de preservar en el tiempo su valor y garantizar la expansión de nuestra base material para provecho de los venezolanos de hoy y del mañana.
Sin embargo en Venezuela, durante los últimos 30 años, esto no se ha hecho así. La renta petrolera, ni antes ni ahora ha estado al servicio del pueblo, sino bajo el control de los gobernantes de turno, una usurpación que nos ha empobrecido por décadas. Miles de millones de dólares petroleros se han despilfarrado o se han fugado al exterior como consecuencia de las erradas políticas públicas que tenazmente hemos repetido.
SUICIDIO ECONÓMICO
Es menester cambiar el rumbo del país. Evitar que nuestra riqueza petrolera continúe puesta al servicio de un proyecto de hegemonía personal, en lo interno, y que en lo externo, financie costosos regalos y favores económicos a distintos países con el propósito de obtener una influencia internacional que nos resulta altamente onerosa.
Se requiere impedir que se sigan tomando decisiones tan escandalosas y criminales como la irresponsable venta de petróleo a futuro. De esta forma el gobierno, no contento con haberse gastado la bonanza petrolera de los últimos años, ahora se endeuda comprometiendo, a precios muy por debajo del mercado, los recursos petrolíferos que aun están en nuestro subsuelo, convirtiendo la renta futura en la renta a consumir el presente, lo cual constituye un suicidio económico
REPARAR EL DAÑO
Transferir directamente a los venezolanos los beneficios del negocio petrolero, que por derecho nos corresponde, sería la manera de reparar parte del daño ocasionado durante años por éste y todos los malos gobiernos anteriores, los cuales, actuando en nuestro nombre, lo que hicieron fue empobrecernos. Por eso hay que democratizar el petróleo.
Se estima conservadoramente que sólo por concepto de ingreso fiscal petrolero, Venezuela recibirá durante los próximos 20 años cerca de 600 mil millones de dólares. La sociedad venezolana debe preguntarse y decidir qué destino le va a dar a estos cuantiosos recursos
¿Se permitirá que suceda lo mismo que ocurrió en el pasado? Más de 240 mil millones de dólares se fugaron del país entre los años 1976 y 2008, en la más gigantesca y monopólica privatización de renta pública de la que se tenga memoria, la cual en un enorme porcentaje fue a parar a las cuentas bancarias privadas que poseen en el exterior un puñado de venezolanos privilegiados que merodeando cortesanamente el poder y al amparo de este y otros gobierno, pudieron capturar para ellos lo que debería corresponder a todos los ciudadanos de este país.
Hay que impedir que se consume nuevamente semejante despropósito. Proponemos distribuir de inmediato entre todos los venezolanos mayores de 18 años , títulos de participación y/o Bonos Populares Petroleros, de carácter intransferible, que permitan disfrutar directamente a los ciudadanos de los beneficios económicos producto de las regalías que genera la industria de los hidrocarburos y los dividendos que produce anualmente PDVSA.
En tal sentido proponemos la creación del Sistema Nacional de Capitalización Popular de la Renta Petrolera o del Fondo Popular Petróleos de los Venezolanos, que estará conformado por la totalidad de los ingresos correspondientes a las regalías que paga la industria petrolera y por los dividendos que declara anualmente PDSVA. Estos ingresos se utilizarán para crear un vasto fondo de ahorro nacional destinado a capitalizar un amplio sistema de fondos de pensiones o de retiro personal para cada venezolana mayor de edad a fin de que pueda acumular recursos y contar en el futuro con el amparo de una pensión digna al momento que arribe a la edad de su retiro laboral, ya sea trabajador dependiente o por cuenta propia del componente formal o informal de la economía. La renta petrolera podría también financiar planes de educación y salud mediante la emisión de Bonos Populares Petroleros que tendrán respaldo en dólares, los cuales serán distribuidos entre todos los venezolanos mayores de edad para sufragar cada año gastos escolares por concepto de matrícula, alimentación, uniformes, transporte y útiles, al igual que para costear anualmente un seguro médico básico de hospitalización, cirugía, maternidad, consultas y medicamentos, o afiliarse a un sistema pre-pagado de salud, en cualquier institución pública o privada de su preferencia. En definitiva, se trata de crear un sistema universal de seguridad social a partir de la riqueza que nos pertenece a todos.
¿Y PDVSA?
PDVSA podría seguir en manos del Estado venezolano, pero ahora con un desempeño eficiente y competitivo, ya que los ciudadanos se habrán convertido en sus principales dolientes. Los fondos de pensiones, junto con los planes de salud y educación que financiarían los ingresos petroleros, tendrían cada año mayores rendimientos y coberturas en la medida que el funcionamiento de la empresa estatal sea más eficiente y rentable. De esta forma, cada ciudadano podrá controlar en la práctica el desempeño financiero de la compañía. Otra opción para democratizar PDVSA es cancelar los pasivos laborales del sector público con acciones de la estatal
Por otra parte, la industria petrolera en general, deberá abrirse mucho más a la inversión privada, tanto extranjera como nacional a objeto de aumentar el tamaño del negocio. Que hayas muchas empresas petroleras operando en Venezuela será provechoso ya que así se obtendrán más pagos por concepto de regalías, los cuales financiarán las pensiones, los seguros médicos y los bonos educativos de millones de compatriotas. Tales cambios hay que hacerlos pronto, ya que la era post petrolera, aunque todavía distante, no se encuentra tan lejos como muchos piensan. De esta forma el país se prepararía mejor, para una vez llegado el momento, prescindir económicamente del negocio de los hidrocarburos ya que se dispondría del suficiente capital financiero y del capital humano necesarios para salir adelante.
Esperemos que esta vez, cuando estamos en el pórtico de una nueva bonanza fiscal petrolera con un barril de crudo por encima de los 100 dólares y escalando, hagamos las cosas diferentes para obtener resultados distintos. Todos deseamos que no se haga presente nuevamente la infinita estupidez venezolana.
Fuente: http://informe21.com/blog/pedro-elias-h/infinita-estupidez-venezolana
Fuente: http://informe21.com/blog/pedro-elias-h/infinita-estupidez-venezolana

No hay comentarios:
Publicar un comentario